Cómo dejar de tener miedo a hablar en público

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Cómo dejar de tener miedo a hablar en público
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¿Se te acelera el corazón cuando tienes que hablar en público? ¿Sientes un nudo en el estómago antes de empezar una conversación con un desconocido? ¿Te tiemblan las piernas cuando vas solo a un acto social? Cómo dejar de tener miedo a hablar en público, esto te voy a explicar.

Son sensaciones horribles. Tanto, que a menudo haremos todo lo posible para evitar las situaciones que las provocan.

Recuerdo una ocasión en que fingí haber marchado de vacaciones para no ir solo a una fiesta de cumpleaños. Las consecuencias fueron que no pude salir de casa en todo el fin de semana para no encontrarme por casualidad con ningún conocido.

Como ves, tampoco se me daba muy bien buscar excusas.

En otra ocasión simulé estar enfermo para no hacer la presentación oral de un trabajo del instituto, y así podría ponerte decenas y decenas de ejemplos.

El cículo vicioso de la timidez condicionó mi vida durante años, hasta que aprendí a gestionar mis emociones.

Mejor dicho, hasta que empecé a convivir con ellas.

¿Cómo puedo dejar de tener miedo a hablar en público?

Por eso hoy quiero revelarte el método que me permitió vencer la timidez y ansiedad social de una vez por todas. Es un proceso de 3 etapas, y estoy seguro que a ti también puede ayudarte mucho.

1. No luches contra tus emociones

El sentido común te dice que si algo te asusta, te alejes de ello ¿verdad?

Pues en el caso de las emociones el sentido común no suele funcionar.

Cuando sientes una emoción desagradable, como miedo o vergüenza, intentas bloquearla, ¿cierto?

Te parecerá ilógico, pero la ciencia ha demostrado que con eso vas a conseguir precisamente el efecto contrario.

Por ejemplo, si yo te digo que NO pienses en un OSO POLAR BLANCO, ¿tú que vas a hacer?

Vamos, intenta no pensar en un oso polar blanco durante 10 segundos.

¿Lo has conseguido?

Apuesto a que no. En algún momento te habrá venido a la cabeza, aunque sea por una fracción de segundo, la imagen de ese maldito oso polar.

Esto mismo ocurre con las emociones. Cuando las intentas bloquear se produce un efecto rebote en tu mente inconsciente, lo que provoca que vuelvan incluso con más fuerza.

Por lo tanto, el primer paso para vencer tu timidez o cualquier otra emoción negativa no es evitar pensar en ella, sino darle espacio. No la intentes reprimir o la convertirás en un monstruo.

2. Reconócelas y ponles un nombre

El siguiente paso quizás te parezca difícil de creer, pero se trata de hacerte amigo de tus emociones negativas.

Si te fijas, verás que ese tipo de pensamientos limitantes se repiten. Siempre aparecen en las mismas situaciones y te producen la misma sensación horrible. Son, en definitiva, viejos conocidos tuyos.

Imagínate que un día te meten dentro de una jaula con un tigre domesticado. Al principio, aunque te aseguren que es inofensivo, sentirás mucho miedo.

Pero si cada día volvieras a ver ese tigre, poco a poco te irías sintiendo más tranquilo. Al final incluso le pondrías un mote y le tratarías como un amigo.

Cuando tratas algo como un amigo, por muy terrorífico que sea, dejas de verlo como una amenaza. Pues eso mismo debes hacer con tus emociones negativas.

Identifícalas y ponles nombre, y cuando hagan acto de presencia trátalas como un amigo un poco molesto. “Ya está aquí otra vez Fracasitis, mi miedo a fracasar, ¡qué pesado!” me repito yo cuando me invade el temor a no cumplir mis expectativas. Incluso me lo imagino como una bola negra peluda con patas y unos ojos enormes.

Permite que tus emociones negativas aparezcan y trátalas como si las conocieras de toda la vida. Perderán gran parte de su poder.

3. Deja que fluyan y se terminarán marchando

Finalmente es hora de dejar que se vayan sin pelearte con ellas, como te he explicado en el punto 1.

¿Que cómo se hace esto? Pues con una técnica de Mindfulness.

Imagínate algo relajante. Quizás un manantial de agua que arrastra unas hojas o unas nubes deslizándose lentamente por el cielo.

Respira hondo, cierra los ojos si quieres, y visualiza tu emoción (ponle la forma que quieras, pueden ser incluso letras) encima de una hoja o pegada a una nube. Y observa como lentamente el riachuelo o el viento la arrastran hasta que desaparece de tu vista.

No luches contra ella. Deja que venga, fluya, y se vaya. Porque te aseguro que así terminará marchándose.

Aunque te parezca sencillo, este método ha demostrado científicamente su eficacia para gestionar tus emociones. Practica y lo comprobarás por ti mismo.

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